Es fundamental para conseguir un buen sonido y una ejecución cómoda. Si este es defectuoso, no se produce un correcto funcionamiento acústico y llega a imposibilitar en gran medida una ejecución adecuada.
El músico debe prestar especial atención a las partes del instrumento que le implican directamente. Estas son: clavijas, cejilla superior, diapasón, puente, alma, cordal, cuerdas y el botón o pica (también necesita especial atención el encerdado).
No deben ser demasiado cortas y estarán perfectamente ajustadas a ambos lados del clavijero; de no ser así, pueden provocar graves grietas en éste, además de una dificultosa afinación. |
Debe tener una adecuada curvatura transversal y longitudinal, siendo necesario, además, repasar su superficie cuando vaya gastada por el uso. Una buena unión al mango nos asegura la estabilidad y firmeza de este último.
Del buen estado de esta depende, además de una cómoda afinación, la duración de las cuerdas, la tensión de las mismas y la digitación. El canal guía de la cuerda debe ser de paso suave y adaptado al diámetro de la cuerda. La altura ha de ser la suficiente para que no cerdeen las cuerdas; si está muy alta, la digitación será difícil. |
Ha de ser de la mejor calidad posible. Un buen ajuste de las patas a la superficie de la bóveda es importantísimo para la correcta transmisión del sonido y para la estabilidad. El puente tiene que estar siempre colocado perpendicular al plano del instrumento. |
Al igual que el puente, debe ser de la mejor calidad posible. Es, junto a éste, la encargada de la transmisión del sonido. Esto será óptimo si es perfecto el ajuste de sus extremos a la superficie de la tapa y del fondo. A menudo nos encontramos con músicos que, de manera inconsciente, se dedican a variar su posición, buscando un sonido óptimo. Esta operación debe ser llevada a cabo siempre por un luthier, pues de otra forma se acabará deteriorando la superficie de la tapa y el fondo y los extremos del alma, poniendo incluso en riesgo la integridad del instrumento. |
Se situará siempre lo más atrás posible, pegado casi a la cejilla. |
No debe tener holguras (ni estar ajustado a base de soluciones provisionales: papeles, …). |
El músico las debe elegir a su gusto, pues cada instrumento, se suele decir, que tiene las suyas. Cuando van viejas hay que cambiarlas, pues dificultan la emisión del sonido del instrumento así como la ejecución.No se deben cambiar todas el mismo día; así podremos mantener fácilmente la afinación del instrumento y controlar la posición del puente, que se verá arrastrado hacia delante. Si esto ocurriese, hay que corregir la posición de este hasta conseguir situarlo perpendicular a la caja, procurando no cambiar la posición de las patas (que siempre debe ser la que estableció el luthier); si se quisiera variar por alguna razón, lo aconsejable es acudir a éste para que lo haga de la manera apropiada. |
El barniz protege y embellece el instrumento.
Se debe mantener limpio de restos de resina, sudor, grasa de las manos, etc.; para ello, podemos quitar la mayor parte con un pincel de pelo fino y suave a medida que vamos soplando, para luego pasarle con cuidado un paño (que no contenga fibras sintéticas).
Si el instrumento está demasiado sucio (con resina acumulada de tiempo), es mejor acudir a un luthier.
Las cerdas tienen que ser de buena calidad, elásticas y ásperas. No deben cruzarse entre sí ni tampoco estar más tensas de un lado que de otro (lo cual podría deformar el arco y quitarle estabilidad a la hora de tocar).
Un buen encerdado mejorará el sonido del instrumento y el funcionamiento del arco. Se debe acudir siempre a un profesional para realizar esta operación, y huir de encerdados rápidos y baratos.
Se debe proteger el instrumento de cambios bruscos de temperatura, sobre todo si éstas son extremas.
Cuando se viaje en coche, es mejor no llevar el instrumento en el maletero (podría calentarse o enfriarse demasiado, provocando grietas, deformaciones o que algunas uniones se despeguen).
También es necesario protegerlo de humedades demasiado altas o demasiado bajas.
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